¡Elijo creer! (Cobertura del show de My New Band Believe en Chicago)
La banda inglesa, liderada por Cameron Picton, presentó su disco debut en Chicago en el marco del festival Sound & Gravity.

La formación actual de My New Band Believe, de izquierda a derecha: Seth Evans, Cameron Picton, Theo Guttenplan, Caius Williams y Kit Mosely. Foto: Joaquín Surbera
Son las nueve de la noche un sábado en Chicago, y estoy afuera de Beat Kitchen, un bar situado en Roscoe Village por el cual han pasado artistas como Paramore, Mitski, MJ Lenderman y Ethel Cain. Sin embargo, esta noche, en cuestión de minutos, va a tocar My New Band Believe. Adentro, unas cien personas ocupan la pequeña sala que espera a la banda liderada por Cameron Picton. A juzgar por los instrumentos que esperan en el escenario, la propuesta en vivo quizás ofrezca algo diferente al disco que la gente vino a escuchar.
My New Band Believe es el proyecto musical de Cameron Picton que publicó su disco debut en abril de este año. Las canciones se apoyan en texturas de guitarras acústicas con arreglos orquestales—por momentos también jazzeros—y en la voz de Picton que suena más grave de lo usual. La banda ha tenido un lineup cambiante y durante esta gira estadounidense está integrada por Cameron Picton en la voz y guitarra, Seth Evans en el teclado, Theo Guttenplan en la batería y percusión, Caius Williams en el bajo, y Kit Mosely en la guitarra. El conjunto de instrumentos eléctricos convierte la propuesta en vivo en algo más experimental, con una pizca de improvisación, donde por momentos los instrumentos imitan los arreglos orquestales del disco, y en otras ocasiones se salen totalmente de las líneas.
El tamaño de la sala ofrecía una atmósfera íntima, y lo fue aún más cuando los músicos se abrieron paso entre el público para llegar al escenario. El set arrancó con “In the Blink of an Eye,” que quizás fue la canción que sonó más fiel al disco en términos de su ejecución y estructura. El primer destello del potencial que tiene este grupo de músicos en la improvisación se pudo ver en “Numerology”, una versión bastante exploratoria, donde las dos guitarras armonizan junto al bajo y el teclado sobre un riff que no escuchamos en su versión de estudio. Por su parte, Guttenplan toca en un ritmo sincopado que le hace pensar a uno que está escuchando a un grupo de free jazz. El estribillo me recuerda a “Impressions” de John Coltrane.
La interpretación de “Lecture 25” tiene una sección de solo extendida en la que brillan Mosely y Evans. Más que cantar, Picton recita la letra, su voz delicada pero penetrante. Quedé gratamente sorprendido con la versión en vivo de esta canción, una de mis favoritas. “Actress” es quizás una de las canciones más dinámicamente cohesivas del disco, donde cada sección fluye hacia la siguiente sin interrupciones. La interpretación en vivo no es menos que eso; quizás sea incluso más. Guttenplan toca un ritmo bossa nova durante el pre-coro, dándole una nueva vida a una canción que, en sus ocho minutos, tiene momentos en los que puede tornarse algo tediosa.
“Target Practice” es otro ejemplo de la grandeza que ha logrado esta banda de cinco piezas. Los arreglos orquestales que suenan como una avalancha en el disco se ven reemplazados por arpegios de guitarra que suenan como espirales en vivo, acompañados por una percusión mucho más presente. El grupo logra transmitir los mismos sentimientos de resentimiento y desprecio que presenta en la grabación de estudio. Casi gritando, Picton exclama “Don’t cry, you deserve this” repetidamente. Esta canción me resulta tan inquietante y extraña como divertida. Sobre el final, una versión de casi quince minutos de “Heart of Darkness” pasa por tantos momentos diferentes que parece más de una canción siendo interpretada al mismo tiempo. Los riffs que Picton toca mientras canta son extraordinarios, por momentos recurriendo a la disonancia para generar más tensión. Williams, a su vez, toca el bajo con un arco, creando un zumbido de graves que levanta la textura del sonido y lleva la canción a un lugar nuevo, muy diferente de la grabación original.
My New Band Believe cierra el concierto con una de las baladas del disco, quizás la única: “Love Story.” En vivo, pierde un poco de su ternura: el piano es reemplazado por un teclado con un sonido más opaco, y lo que en la grabación parece ser una declaración de amor, en vivo se asemeja más a un reclamo. Picton llega a la última estrofa casi gritando, su voz se quiebra de a poco, y la batería transforma esta sección en algo no solo más ruidoso, sino también caótico.
Créditos: Joaquín Surbera
Al terminar el concierto, salgo a fumar detrás de Evans, con quien comparto una breve palabra. Quizás My New Band Believe no sea una banda que mantenga un lineup constante—ya lo hemos visto fluctuar en cuestión de meses—y eso es parte de su esencia: que cada músico traiga su impronta al proyecto. Está claro que la búsqueda de Cameron Picton no termina en el estudio de grabación, sino que usa a este como un punto de partida para darle nuevas formas a las canciones, ya sea a través de la improvisación o de ajustes intencionales. Los cinco músicos han traído algo que por momentos parece caótico, algo desordenado, pero exquisitamente auténtico.
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